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Mi vida y la vida de actor Empecé a trabajar en el teatro aproximadamente a los 67 ó 68 años. Llevaba jubilado dos. He sido vendedor del cupón de la ONCE durante 45 años. Aquí en Madrid. Empecé a vender el cupón cuando me faltaban dos meses para cumplir 21. Soy de Algeciras, pero mis padres me llevaron a Tetuán con 8 meses y salí de Marruecos con 20 años y 10 meses. Llegué aquí, a Madrid, el día 29 de septiembre del año 43, y el primer mes que estuve vendiendo el cupón, el mes de Octubre, lo estuve vendiendo en Fernández de los Ríos esquina Galileo, muy cerca del Teatro de La Abadía. En el mes de noviembre me puse a vender en Quevedo esquina Arapiles, y ahí estuve vendiendo 8 años, casi 9, y después puse kiosco en San Bernardo esquina Quevedo, enfrente del metro, y ahí he estado hasta que me he jubilado. El cuadro artístico de la ONCE El primer cuadro artístico de teatro de la ONCE se fundó hacia el año 44 ó 45. Yo era bastante joven y ya se sabe, cuando se es joven no se piensa más que en pasarlo bien. Tenía novia, después me casé, el trabajo, luego los hijos, lo fui dejando y lo dejé cuarenta años. Lo primero que pusieron en escena fue un sainete... o un entremés de los Álvarez Quintero, eran dos personajes, pero aquello no fructificó. Duró poco. Con el director Ramón Arenas se hizo La muralla de Joaquín Calvo Sotelo. Y ya en el año 84, con la directora Mónica Carlevaro, fue cuando le pusieron el nombre al grupo La Luciérnaga, que según opinión de los que habían pensado en ello, se llamaba así por aquello de la luz en la oscuridad. Como era cosa de ciegos… Por el año 95 ó 96 yo me incorporé al grupo, y fuimos a la Muestra de Teatro de Barcelona con el El zoo de cristal de Tennesse Williams. Después íbamos a hacer Carlota de Mihura, y por hacerle un homenaje a Buero Vallejo, pusimos El concierto de San Ovidio. Actualmente La Luciérnaga sigue funcionando, pero ya con otro director. Algunos actores se han ido y han formado la compañía independiente Contando Hormigas con el director Ignacio Calvache que también fue director del elenco de la ONCE. Con la compañía Contando Hormigas he trabajado en el montaje Ahora fobia. Los personajes que he hecho
Bien mirado siempre he hecho papeles de mayor: el de Relaciones Humanas en La Pereza de Ricardo Talesnik, el de Darwin viejo, de cura en Los buenos días perdidos de Antonio Gala, de narrador en El Zoo de Cristal y de Pichu de La ópera de los tres peniques de Brecht. El personaje que me gustaría hacer Pero el único papel en todo el teatro que a mi me hubiera gustado hacer y que por supuesto no he tenido la edad para hacerlo es Don Juan Tenorio. A mi me hubiera encantado poder hacer ese papel. Por el conflicto que plantea. De joven el donjuanismo lo tenía en el espíritu. Yo he visto el Tenorio más de veinte veces, en diferentes años, por diferentes actores. Siempre que tengo ocasión no me lo pierdo. Muchos párrafos los sé de tantas veces como lo he oído. A mi no me extraña si un director o un adaptador saca un Don Juan Tenorio de 68 años. Pero si tenemos en cuenta que Don Juan cuando empieza la obra, en la Hostería del Laurel, dice que tiene 30 años y después del incidente cuando mata al comendador y se va, vuelve y dice que hace cinco años que se fue, Don Juan no puede tener nunca 68 años. Esto dice el texto de Zorrilla. No digo que no se pueda hacer un don Juan de sesenta y tantos, pero es que cuando viene don Juan al panteón, y lo mata el capitán Avellaneda y sale doña Inés y le tiende la mano y se lo lleva, si don Juan tiene 68 años, yo no sé que pensar, no es que esté mal, pero la realidad del texto de Zorrilla no es ésa. Un personaje que tiene el cerebro averiado Conozco El Rey Lear de Shakespeare. Hace muchos años que la vi, no en teatro sino en la radio, en Radio Nacional. No hace más de cien años un hombre de cincuenta años era un anciano. Puede que tuviera una demencia senil. Es una experiencia que no he vivido, y por lo tanto no tengo la menor idea de lo que se puede sentir. Me imagino que no se debe sentir nada, porque, efectivamente, ya lo dice la palabra ‘demencia’: un hombre que tiene el cerebro averiado. Me llamo Juan Rondán. Tengo 84 años. Los he cumplido el domingo.
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