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 Asunto: No intre 1800, cía. Pisando Ovos
 Nota Publicado: Mar Feb 20, 2007 7:42 pm 
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megaforero
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Lo que el cuerpo posibilita
Tiene uno la peligrosa sensación de que al valorar las creaciones contemporáneas te pierdas en tu propia necesidad de comprender lo que estás viendo, o de lamentar que no exista un diccionario de la danza como es debido. Viendo a la compañía Pisando Ovos sales inmediatamente de ese peligro. Con No intre 1800, dicen todo sin decir nada. Es puro movimiento, y por ende, pura emoción, y más allá, pura ideología sobre lo contemporáneo. El cuerpo del bailarín es médium para la memoria del espectador, que la lírica transporta a tu pequeñez cotidiana de observador ínfimo. Sin duda, Pisando Ovos ha creado una pieza sublime. E ineludible en un Festival como éste, que muestra tanto la creación como la reflexión. A la exquisitez de los intérpretes, precisos en el movimiento y la emoción, con un apabullante dominio del cuerpo interno y externo, se añade una gran madurez en su propuesta. Su capacidad corporal es enorme, y por eso mismo, se despojan de cualquier artificio escénico para ir al lugar mínimo de la danza, lo que el cuerpo posibilita: transformar poéticamente el cuerpo joven en viejo, o discapacitado, o cotidiano, o artificial. Aparece el cuerpo-muñeco, manipulado por sí mismo o por el otro, o el cuerpo animal, instintivo y peligroso, el cuerpo del placer, o del dolor, o de la nostalgia y el anhelo. El cuerpo-mujer en todas sus aceptaciones, y el cuerpo-hombre en todas sus castraciones. Ella, Rut Balbís, es una bailarina electrizante, hasta llegar a la monstruosidad. Él, David Loira, enigmático, quizá hasta triste.
Ni hablan de la identidad humana, ni de la relación de pareja, ni del cambio climático. Eso lo pone el espectador necesitado de la penosa insuficiencia de que le cuenten algo. Lo que hace arriesgado este trabajo en medio de tanta confusión de lenguajes escénicos a la que estamos expuestos, es su inmersión obsesiva en el incendio del cuerpo para su desaparición. Y nos transportan al código fuente del movimiento. Elaboran así escenas aparentemente sencillas que terminan dejando al espectador en un estado hipnótico, apoyados por un collage musical y una iluminación fascinantes. A veces tienes la sensación de estar viendo cine, porque cuesta creer que aquello esté compartiendo tu mismo espacio-tiempo. Su creación no es ajena al ritmo de su respiración y de los latidos de su corazón, y esto se olvida muchas veces en otras piezas de danza.
Por todo, dejaron a los espectadores magnetizados. Qué buen público había en La Nave de Cambaleo, heterogéneo en edad, sexo y moda, silencioso y educado. Era público sin más, gente de Aranjuez que disfrutaba del hecho escénico en sí, y que entiendo que se ha ido formando gracias al esfuerzo de la compañía Cambaleo durante todos estos años. En fin, un buen día, sin duda, para Mariano José de Larra.
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Domingo Ortega

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OPHELIA, revista de teatro y otras artes


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