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 Asunto: 25 aniversario de Madrid en Danza
 Nota Publicado: Lun Ene 03, 2011 6:21 pm 
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megaforero
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25 edición de festival de Danza de Madrid
Si el año pasado fue el Festival de Otoño el que cumplió 25 años, con un desdoblamiento primaveral que ha dado lugar a su nueva ubicación en la temporada teatral, este 2010 es Madrid en Danza el que ha cumplido el cuarto de siglo. Para celebrarlo ha preparado un Ciclo 25 aniversario que ha contado con grandes nombres de los que han pasado por este festival en este tiempo, y que han influido en la danza actual de este país, como Nacho Duato, Teresa Nieto, Cesc Gelabert, Carolyn Carlson o Win Vandekeybus, que creó aquí su compañía Última vez en los años en que se inició este festival, y de cuyas dinámicas y hipnotizantes coreografías hacía unos años que no disfrutábamos, los mismos que parecen no haber transcurrido por ellas, al menos por la que ha presentado este año, nieuwZwuart, ochentil desde el vestuario hasta la propuesta de contaminación con la poesía.
La animalidad, la capacidad de proyectarnos a una realidad remota, casi perdida, ancestral, a la que nos tiene acostumbrados Vandekeybus (más aún en los vídeos, en los que naturaleza y performer forman un todo), ha funcionado de manera más directa en Max, de Batsheva Dance Company, si bien la rítmica y energética danza se nos acercaba a menudo sospechosamente al gym-jazz hasta el punto de que la música le robara cierto protagonismo, y en el conjunto nos faltó algo de verdad: en el intento de hacernos sentir ante la reconstrucción de una civilización perdida, es, suponemos, inevitable que la escritura escénica se acerque más al esperanto que al indoeuropeo, más al pastiche que a la espontaneidad. Algo ocurría que hacía que el público estuviera más pendiente de esa numeración repetida como un mantra «/uno, duo, tera, qatro, winta, sesso, seva, teva, neftar, teka/» que de la danza, como quien está más pendiente de dar las palmas en la Marcha Radetzky del concierto de año nuevo que de la música orquestal.
Pero la perla del ciclo y quizá de esta edición del Festival habrá sido sin duda Last Touch First, de Holland Dance Production, que reúne en su dirección artística y coreografía a Jiří Kylián y Michael Schumacher. Seis bailarines-interpretes, tres parejas, evolucionan por un espacio escénico concebido por Walter Nobbe, a cámara lenta, desarrollando relaciones, historias interiores y exteriores con objetos, personas, espacios, paisajes… ¡Pura poesía! Las palabras difícilmente describirían lo que el público ve: la emoción y la intimidad desvelada que esta obra y sus creadores/interpretes comparten con nosotros. La contemporaneidad vestida de clasicismo. ¡Una pena que espectáculo tan extraordinario no haya merecido más que una sala medio llena!
La celebración de este aniversario ha servido para organizar más ciclos en el Festival: Italia Danza Actual ha invitado especialmente a este país para presentar varias coreografías, y el Ciclo Generación 2.0 ha potenciado la creación más reciente en las salas independientes. Pero fuera de estos ciclos nos esperaban piezas muy diferentes, nacionales y extranjeras:
«No hay historia» dice Mónica Runde hablando de su última pieza para 10&10 Danza. En un principio parece que el vocabulario que se va a utilizar va a ser el abstracto, con un interesante trabajo de vídeo y fotografía de Luis Gaspar, con dos bailarines retorciéndose sensiblemente en el suelo y dándonos alguna humanidad a esa abstracción aparente. Pero poco a poco, la sucesión de escenas sin mucha conexión y sin ninguna dramaturgia que les sirva de hilo conductor hace que Tris Tras no sea más que eso: «Tris Tras». Un autentico corto circuito de pequeños trozos de nada, que refleja la crisis que se vive en nuestra época, y que afecta evidentemente la creatividad de nuestras artes escénicas. Eso sí, impecablemente bailado por los 5 interpretes, de los cuales destaca la propia Mónica Runde, con su fisicalidad virtuosa y su mirada un tanto maternal sobre sus bailarines. Uno de los momentos mágicos de Tris Tras es exactamente el dúo casi al final de la coreografía, bajo la mirada de Mónica, sentada al fondo de escena.
Karga, la pieza presentada por Chevi Muraday y su compañía Losdedae, va por otro camino. Con el miedo como tema y la dramaturgia —y algo más— de David Picazo, «Karga» se desarrolla delante de nuestros ojos, combinando momentos de pura danza y otros momentos más performativos, a cuál más energético. El pequeño solo en diagonal de Maximiliano Monte (quizás demasiado corto) hacia las esculturas de Gonzalo de la Cera, su monologo en portugués de Brasil, el solo performativo de Chevi Muraday — el momento más impactante de la pieza—, o el Padre Nuestro de Simon Wiersma, entre otros, son momentos que por su fuerza dramatúrgica y de contenido, hacen vivir los momentos más formales y a veces más déjà-vu. Aún así, el momento final con los cabellos por el aire, que comienza siendo espectacular, es llevado a un delirium tremens que termina por cansar. En cualquier caso, se sale impresionado y con la sensación de haber visto algo intenso.
Como intenso fue el montaje de Rosie kay, 5 soldiers, del que ya dio buena cuenta en su crítica nuestro compañero Elliott Cooper. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar aquí otro montaje que aporta gran frescura al panorama actual: 4 men, Alice, Bach and the Deer, de Yossi Berg and Oded Graf Dance Company. Desde una sencilla trama llena de humor absurdo («cuatro hombres en una gran casa de enormes habitaciones con una súper pantalla plana del tamaño de una pared y un frigorífico lleno de cerveza y carne. […] La velocidad de su pensamiento era semejante a la velocidad de la luz y su fuerza era equivalente a la de tres osos juntos. Sus cuerpos estaban esculpidos según la estricta perfección de las estatuas […] y unos enormes penes en erección permanente como prueba constante de su poder e inteligencia…»), la representación de esta cómica masculinidad se crea de una manera deliciosa, apoyada en máscaras de lucha mexicanas de las que se despojan cuando aparece Alicia, con sus «azules o negros, casi verdes ojos», cuya llegada les abre una puerta a una realidad más allá de «a cualquier cosa que no fuera belleza y tetas». Ahora imaginen esto sobre la música de Bach, y la sorpresa surgirá al saber que, sí, increíblemente, funciona, como una divertida alegoría de la búsqueda diogénica que parte del cuestionamiento del propio objeto de búsqueda, el «hombre». Ni la propuesta, ni los bailarines, ni la evolución coreográfica del espectáculo podían pasarnos inadvertidos.
Propuestas como estas y las de las últimas generaciones (Vero Cendoya, Janet Novás…) nos hacen prever que la danza construye sus coreografías sobre un sólido camino de continuidad, y esperamos que este festival siga siendo un referente desde el que poder seguirlo. El siguiente salto nos espera en Madrid en otro festival más joven, pero también de aniversario, Escena Contemporánea, en el que la danza se ha ido ganando de manera muy significativa un hueco cada vez mayor, como claro reflejo de la evolución de las artes escénicas en la actualidad.

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Diniz Sanchez & Sergio Herrero

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OPHELIA, revista de teatro y otras artes


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