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 Asunto: La muerte y la doncella V · La pared, de Elfriede Jelinek
 Nota Publicado: Lun Feb 19, 2007 2:18 pm 
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La pared. La muerte y la doncella.
Dice Vicente León, director de La muerte y la doncella V · La pared, que cuando compone el espectáculo debe adivinar cuál línea de texto corresponde a qué personaje. (El texto es el discurso de dos suicidas: Sylvia Plath e Ingeborg Bachman.)
Elfriede Jelinek, premio Nobel 2005, deconstruye el teatro y deja de lado los manidos tópicos que levantan el edificio teatral. Esa materia extraña, atonal, metaliteraria, literaria, esas largas parrafadas sobre el oficio de escritura, sobre el ser femenino, esos aullidos de dos mártires de la intelectualidad del siglo XX, suben a escena a través de «una propuesta arriesgada»: los seis intérpretes, tres hombres y tres mujeres, por momentos llegan a danzar una partitura de movimiento que pretende dar vida a esas palabras tan «poco teatrales» que escupen las voces Jelinekeanas. ¿Será que su teatro debe construirse de ese modo tan aséptico, como si viéramos en escena los contornos casi abstractos de los cuerpos y no los cuerpos en toda su carnalidad?
León y su grupo, el Teatro de la Esquirla, apuntan al hecho diferencial de esta forma de literatura dramática en relación con otros corpus escriturales. En cuanto a la sensorialidad de la escena, lo primero que llama la atención es la abstracción de todo lo corpóreo: las formas verbales, objetuales, corporales, gestuales, los intérpretes trazan en escena verdaderos signos o metáforas de lo que en otras teatralidades se soluciona recurriendo a estructuras miméticas. El espectáculo se abre con la castración ritual de un cuerpo, el acto se convierte en un signo discreto que esencializa los gestos y elementos básicos del ritual. A partir de ese momento se describen las evoluciones verbales de estas dos mujeres, que no pretenden ser Plath ni Bachman, porque los cuerpos biográficos de estas dos mujeres ya no son y lo único que pervive es su discurso.
La dramaturgia, esas líneas de texto que tanto complicaron a Vicente León al momento de dar cuerpo a estas textualidades, se conjugan de tal manera que otorgan a la materia una estructura dramática clásica. No sabemos cuál es la estructura sobre la que Jelinek asienta su teatro. Circulan en Madrid traducciones de algunos de sus textos dramáticos: Bambilandia y Babel (2006), habrá que leerlos con detalle y luego sentarnos a discutir sobre estructuras. Adivinamos que su textualidad elude el gesto grotesco y sangriento de autores como Liddell, García y otros. Sin embargo, el teatro aséptico de Jelinek es capaz de provocar las mismas regurgitaciones que nuestros padres, los griegos. ¿Pero cuál es la estructura que prefiere la autora, cuál?... Los reordenamientos siempre son nocivos para el conocimiento de los fenómenos: el desorden es para algunos una nueva forma de orden. Aparecen los temas, aquellos que seguramente ya se han señalado a propósito de la irrupción del teatro Jelinekiano en la escena madrileña: la condición de la mujer y de lo femenino, la estructura ritual del relato, la intertextualidad, la literariedad, etc.
El espectáculo que dirige León cierra con la bella poesía del relato mítico que narra la castración de Urano a manos de su hijo Cronos: «Cronos encontró a Urano confiado en brazos de Nix, con la que había engendrado a Tánatos e Hipnos, y le castró con una hoz de pedernal que le había dado Gea, arrojando los genitales tras él. Al salpicar la sangre de éstos en la Tierra, surgieron los Gigantes, las Erinias, las Melias y, según algunos, los Telquines...» ¿Cómo alumbra el mito las voces de estas dos mujeres que suelen chocar contra un muro de cristal que los hombres no pueden ver? En las últimas líneas que vociferan las suicidas, Jelinek parece decir la imposibilidad de acceder al ser, siempre entrampado en un muro de cristal, que nadie más puede ver ni traspasar.
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Juan Claudio Burgos

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OPHELIA, revista de teatro y otras artes


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