diálogo 19 (con maestro trobero)

y la luz perpetua brille

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requiem-performance para macintosh, cuerpo y memoria sonora

(10/6/10, primera experiencia en La Nave, Madrid)


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Madrid, 1 de septiembre de 2008

Querido Trobero,

Con esta carta certifico que le contrato a usted para componer un REQUIEM que será ejecutado durante los minutos antes de mi muerte. La fecha del acontecimiento será el 10 de junio del 2010. Por supuesto esta previsión de calendario no supone la certeza del abandono de mi cuerpo, o un compromiso por su parte para el llanto, sino una mera invitación para acompañarme en una reunión especial.

He estado escuchando la pieza que me recomendó de Berlioz que lleva el mismo título de la pieza que le pido, y he comprendido que es inevitable la grandiosidad con la que el hombre occidental atiende al miedo a la muerte. Me ha emocionado poder comprobar que es posible la unión de muchas voces y muchos cuerpos en un mismo sitio, cantando para la serenidad. Le agradezco que me invitara a conocer esta pieza que permite la posibilidad del romanticismo ante un cuerpo inerte.

Querido compositor, le aseguro que aún no sé si estaré dispuesto a asistir a mi propia agonía, pero sí estoy seguro de que quiero vivir ese estado como un camino de conocimiento compartido, similar a la descripción que Platón escribió para los hombres más ingenuos del mundo.

Por favor atienda bien que a pesar del sentido megalómano de mis palabras estoy en total acuerdo con la vida, y muy agradecido a la sospecha de si ésta, la vida, será una pieza escrita en un pliego o en un archivo de word.

A la espera de su contestación,

Un abrazo

Fedón

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Amsterdam, 18 de agosto de 2009

Querido Fedón,

En apenas unos días se cumplirá un año desde la recepción de su carta de contrato. A lo largo de todo este tiempo hemos compartido lecturas y propuestas de escucha que han sido diferentes maneras de entender un réquiem y, por extensión, de morir.

Permítame realizarle una confesión. Pese al entusiasmo con el que recibí su encargo, a lo largo de todo este tiempo he ido sintiendo de forma natural que me he ido alejando de él. Y él de mí. Cuántas veces me he sentado en frente de este mismo ordenador que hoy recoge mis pensamientos con el ánimo de escribirle una carta, de enviarle un archivo de sonido. Pero ese mismo ímpetu siempre se traducía en una barrera que tenía como consecuencia un distanciamiento, una frustración que no he sido capaz de entender hasta su última carta.

Como menciona en su texto, ahora mismo me encuentro en un proceso de cambio. En unas semanas estaré estudiando en esa escuela de arte que, sin duda alguna, se me presenta como un punto de inflexión, de cambio.

Y he aquí el problema. Salvo los cambios que produce la muerte –el único que es por completo imprevisible, no elegible y, por tanto, radical– todas las demás mudanzas, sean de la índole que sean, tienden a ser procesos largos que no culminan hasta un pequeño parto en el que, siempre de forma afirmativa, se respira hondo y se exhala un sincero adelante

He puesto fin a mis dudas, he convertido mis miedos en compañeros y no en enemigos. Ese lejano gigante ha resultado no ser tan grande tras perder esa inconmensurable altura que una no adecuada perspectiva le confería. Hoy estoy preparado para asumir ese proceso de muerte con usted.

Y aquí es cuando llega una propuesta que mira a ese futuro. Parto de tres citas tomadas de su ultima carta. Por favor, léala como un intento de compilar todas las reflexiones originadas. Pero así mismo también como una propuesta que toma consciencia del proceso de modificación al que va a ser sometida en forma de dialogo.

Un abrazo, y gracias por recordarme que siempre me ha estado regalando libertad.

Trobero

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Madrid, 8 de junio de 2010

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Hermes