diálogo 14 (con malena espinosa)

tu extensión

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«soirée» experimental en torno a una madre en casas de la alta y media burguesía

(11/4/10, primera experiencia en el apartamento principal-c de la calle Muntaner, nº 177, Barcelona)

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(I)

© amelia rey
© fedón

(II)

Preludio en 6 partes

I

MUJER.— Dicen que esta mañana estoy ciega. Todas las vecinas de mi calle salen a la puerta de su portal, se sientan en la acera y dicen que estoy ciega. Pasan los hombres y ninguna se atreve a callarse. Yo necesito escucharlas para descubrir si suena a verdad. Sus gritos son una manera de reírse de mi. Tengo mucho peso en las manos. Creo que llevo una garrafa de agua mineral, barras de pan para congelar… Pesa tanto… tanto… que podría dejar olvidado algo.

A lo mejor gritan porque no quieren decirme cuantos chicos suben por la cuesta acompañando a mis hijos, porque puede que me asuste. Parece que vienen abrazados. Yo no quiero contar sus brazos. Sólo quiero saber que el pequeño está entre ellos, protegido y sin hablar.

Me gusta tanto verle comer tranquilo los tomates de la ensalada, los garbanzos… sentado…

Dicen que estoy ciega porque no soy desconfiada. Dicen que cuando voy a misa no veo los barrotes de la entrada, que cuando voy al supermercado no siento el olor a ambientador, que me dejo la comida en la panadería porque pienso que no tengo el dinero justo, que no distingo la balda de los yogures de la de…
¡Mis vecinas nunca se visten de negro cuando yo bajo por la calle! Ayer sacaron los teléfonos por la ventana y empezaron a dejar estos mensajes en los contestadores: ¡La señora García está ciega desde que su hijo pequeño se ha convertido! ¡Es una secta que apareció en un piso bajo frente al Corte Inglés!

II

HOMBRE.— Señoras y señores mi nombre es Moisés. Tengo cincuenta años. Mi labor aquí, en este concreto instante, es servirles de guía ante todas las conjeturas que está provocando la ley general de sanidad. No tengo gafas. Fumo entre comidas. Me acuesto en cama de marfil. Mi mujer me ama. Tengo seis hijos. Podrían aparecer cada uno de ellos como personajes replicantes pero me conformaré con apuntarlos. Señoras y señores les invito a que disfruten este delicioso preludio.

III

HOMBRE.-— ¿Por qué lleva ese vestido de novia si está ciega?
MUJER.— ¿Por qué? Porque quiero guardarlo.
HOMBRE.— Pero…
MUJER.— No piense señor. No le dé más vueltas. Así era yo hasta que ayer sufrí un paro cardíaco.
HOMBRE.— ¿Entonces usted está convaleciente?
MUJER.— No, estoy desgastada.
HOMBRE.— ¿Cuantos años tiene?
MUJER.— Setenta.
HOMBRE.— ¿No sufrirá de demencia senil?
MUJER.— Sí.
HOMBRE.— ¿Y duerme?
MUJER.— Sí…. sólo que algunas noches me pongo triste.

IV

La MUJER borracha, apoyándose en las paredes. Una sala de espera de ambulatorio. El HOMBRE entra arqueado con una varita mágica.

V

Un coro de cuatro mujeres vedettes viejas: DEPRESSION, FLACCIDITI, PINK FLESH y SOFTNESS con los labios pintados vomitando.

HOMBRE.— Quisiera contarles esta noche dos historias. Una es la historia del hombre enamorado; la otra es la del hombre al que le gustaría cubrirse el cuerpo con harina.
CORO DE MUJERES.- Every morning we pull nose’s hairs to our husbands.
HOMBRE.— Un día mi padre me llamó tonto porque no me arrodillaba cuando levantaban el cuerpo de Cristo. Yo le pregunté que qué era el cuerpo de Cristo. Le dije que yo no podía ver nada desde el ese banco de la iglesia. Él no supo contestar. De pronto todas las caras de los amigos de mi padre se pusieron oscuras.
CORO DE MUJERES.- We look through the window to blush us. We clean the pillows. We eat. Our bottom hurts by the toilet paper.
HOMBRE.— Cada amigo de mi padre me miró de una manera. Yo les miré los pantalones. Me quedé sordo. Sólo era capaz de percibir la humedad. Me agarré a la pierna de mi padre porque tenía mucho miedo y le grité que yo necesitaba saber cuál era la cara de Cristo. Él se despeinó, cogió una botella de sifón que tenía metida en una bolsa, apretó la palanca y se puso a mojar a todos los señores. A mi me tiró de la oreja derecha. Volví a oír. Enfadado salí corriendo y me senté en la puerta de la iglesia. No pude remediar hacerme pis y ponerme a llorar. Justo en ese instante empecé a oir por el oído izquierdo… me puse a amar a una hormiga que estaba encima de mi bicicleta.
CORO DE MUJERES.- We have four faces and we have assigned one television chanel for each one.
HOMBRE.— Esta es la historia del hombre enamorado, ¿les cuento la del hombre que quería cubrirse con harina?
MUJER.— ¿Por qué no bailas encima de mi?
HOMBRE.— …
MUJER.— Por favor, dame un beso en la frente.
HOMBRE.— ¿Y si nos ven?
MUJER.— Por favor bésame.
HOMBRE.— ¿Y si no sirvo?
MUJER.— Está bien ¿te puedo masturbar en la cama?.
HOMBRE.— Pero es que… se me perdieron las ganas de vivir.
MUJER.— Déjate.

El coro de las cuatro vedettes se afeitan los sobacos y se masajean las piernas.

DEPRESSION.— We have to sell this house.
FLACCIDITI.— Yes.
PINK FLESH.—
SOFTNESS.— I think that it’s necessary to eat and be relaxed.
DEPRESSION.— How can I do to put the elbows off the table and don’t fail?
FLACCIDITI.— I don’t know.
PINK FLESH.—
SOFTNESS.— So you will have to stop thinking.
DEPRESSION.— I don’t know.
PINK FLESH.—


VI

La MUJER esperando el autobús. Llueve. Bolsas de plástico, una con siete bocadillos envueltos.
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(III)

(registro de la performance del 11/4/10, en construcción)

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©sara