diálogo 24 (con sara molina)

conversación ante el sarcófago

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entrevista a la directora, dramaturga y poeta Sara Molina

(próxima publicación en papel)

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FEDÓN.— Me dirijo a ti con la desfachatez de un amante de las definiciones. Te hablaré eligiendo en lo posible opiniones certeras. No creo que debas responder para satisfacerme sino para ahuyentarme del desasosiego.

SARA MOLINA.— …

FEDÓN.— Debo empezar opinando que existe en tu obra una especie de entusiasmo escatológico. Parece que cada pieza tuya quisiera concluir el mundo. ¿Tienes una teoría del mundo, o un acecho teórico para provocar al mundo? ¿Cómo defines la palabra creadora?

SARA MOLINA.— Las preguntas, ambas dos, son poliédricas… las respuestas por tanto, por simpatía lo han de ser también… multiformes… fragmentarias… monstruosas en el sentido de exageradas.

Para la primera opto por el «acecho teórico para provocar el mundo» y me apunto a la idea de la inteligencia siempre artificial. Pero sustituiría (como en el ajedrez cuando se come una ficha y se coloca otra y en la palma de la mano se guarda la del adversario) la palabra «acecho» más bien por la ingrata, destartalada, nada grata «tarea»… y añadiría aún de manera más exasperante: cotidiana. Hablaría de la cuasi doméstica elaboración de teorías que provoquen mundos. Provocar un mundo paralelo que resulta, igual de malo igual de raro, igual de humano que el primero… un mundo por segunda vez…

La palabra creadora es el verbo. El soplo. La palabra está en el viento. La palabra creadora se crea así misma en cada acto. Pero en el arte prefiero la palabra invención es más canalla, menos digna, más de todos, menos religiosa.

FEDÓN.— Ver tus espectáculos es asistir a una solemne acción donde la materialidad del discurso tiene la oportunidad de ser presentada y representada. Como artista, que quiere visitar tu poética, quiero asegurarme de que entiendes mis comentarios como una manera de reflexionar sobre la autenticidad de tu discurso…

SARA MOLINA.— Más que auténtico diría que mi discurso ha sido real. Es cierto que en una etapa aspiré a la autenticidad en cualquiera de sus variantes, modalidades, pero a partir de un momento abandone esta intención y sin sustituirla por otra devine real…escénicamente real…

FEDÓN.— ¿Tienes conciencia de poseer un discurso propio? ¿En el arte contemporáneo existe discurso propio? ¿Qué es contemporáneo desde el repaso de tu trayectoria artística? ¿De que te sientes contemporánea?

SARA MOLINA.— 1.ª Ahora sí. Antes (antes de qué) simplemente buscaba, indagaba. No estaba implicada en lo propio solo quería que lo ajeno que me era propio no se diluyera, no se dejara de escuchar, no se perdiera…

2.ª Sí. Hay un compromiso con el decir que más que originalidad, descubrimiento, inauguración de sentido, es propio en el sentido de que es responsable que se hace responsable de… que asume las consecuencias y entre ellas la de que siempre hay falta… que el discurso puede conquistar lo propio pero siempre en la falta… el decir no nos puede decir por completo.

3.ª Un deseo de pertenecer a una buena familia, de ganar estatus social, de pertenecer a una clase social de elegidos… Una manera de tener una «herencia»…

4.ª De una conversación universal que se mantiene desde los cínicos griegos a través de diferentes fórmulas expresivas.

FEDÓN.— Quiero confesarte que el primer libro que leí entero fue Juan de Mairena de Antonio Machado, y por culpa de esta lectura quedó impreso en mi la ausencia de la ficción en mi entendimiento del arte. Pero con la caída de la piel en mi cadera, a eso de los treinta, descubrí la ficción como un medio de conocimiento. ¿Como entiendes el relato en el proceso de creación de una pieza? ¿Cuando aparece?

SARA MOLINA.— 1.ª Hasta ahora nunca ha habido una intención clara de relato. Un temor, una especie de censura, de mandato último ha impedido la idea de relato en mis piezas, por eso la superposición de ideas, el fragmento, la multiplicidad de finales y comienzos, para no relatar, no contar nada intentando contarlo todo. Esa ha sido en ocasiones mi falta. En mí ha existido siempre el miedo, el pánico al relato escénico… y el relato está pero de otro modo. Relatar es aún una escena pendiente que ansío… anhelo… como una especie de madurez… de paz… que llega…

2.ª El relato aunque crea que no lo hay aparece años después, aparece en el que mira, comprende o acepta la ilusión de comprender y te devuelve en forma de relato la incoherencia, la fragmentariedad, las imágenes aparentemente inconexas que tú le has entregado… aparece como deseo en todas las piezas de eficacia liberadora, de confesión, de alteridad.

FEDÓN.— Durante toda mi vida he tenido que aceptar que siempre el otro tenía la verdad, y que por tanto conocía las claves. Esta aceptación parte de la idea emblemática de que mi cuerpo es el objeto de la ilusión del otro, de su ambición metafísica. Por supuesto que esta idea la he construido a base de dolor y placer solitario, por lo que no es del todo fiable en términos artísticos, pero si considero que surge de una necesidad de entender la verdad del otro, y asumir que yo podía ser su vehículo para explicar el mundo. ¿Cuales son las pautas en tu trabajo para que otras entidades creadoras con discurso propio —entendimiento propio de su cuerpo—, tengan la disponibilidad para construir un nuevo discurso, no escrito nunca, tu discurso? ¿Cómo se hacen vivas las imágenes íntimas en los cuerpos de los otros a tu servicio?

SARA MOLINA.— 1.ª Mostrarles mis debilidades. Demostrarles que me juego algo en lo que hago. Leerles aquello que amo y me descubre. Atreverme a unir en la sala de ensayo la vida y el arte. Explotar de alegría infantil sin vergüenza. Atreverme a amarles durante unos momentos.

2.ª El cuerpo del otro actúa en escena como un palimpsesto… lleva escrito su propio texto y sobre ese el mío. No hay página en blanco en el cuerpo del intérprete, escribes en una página plagada de texto. Escribes como puedes en los bordes, en las pausas, con otro color de tinta, con una caligrafía más o menos legible. Dibujas así, en ese ahí, tus imágenes intimas sobre, a pesar de, gracias a la generosidad del otro que nunca está a tu servicio… por completo… que siempre resiste…al menos yo he elegido o me han aceptado interpretes que resisten…

FEDÓN.— … ¿cuando el intérprete es un posibilitador de conocimiento para el espectador?

SARA MOLINA.— Siempre que actúa para ese espectador. Para uno solo. Uno por uno. Siempre que se compromete, sobre todo con su «no saber».

FEDÓN.— … ¿en tu manera de dialogar con el intérprete existe un discurso creador?

SARA MOLINA.— Siempre… tal vez es el único espacio en el que la palabra creación puede encontrar cierta discreción y eficacia sin su ampulosidad, exceso. Si el dialogo es auténtico por su contingencia es creador de discurso…

FEDÓN.— Ante el acontecer de esta conversación agónica se apoderan de mi unas ganas de amontonar conciencia sobre tu obra entera. Siempre tengo la impresión de que escuchar tu obra en un escenario es como asistir a un concierto elegante que en algún momento va a ser asediado sin razón. Uno nunca espera el «quiebre». Y siempre se asiste a un boicot, tu boicot, como si a lo que estábamos asistiendo hubiera sido un acuerdo convenido para irónicos. ¿Podrías confirmar que tienes un procedimiento que permite al público tener intuiciones en presente como actos de conciencia?

SARA MOLINA.— No.

FEDÓN.— Yo, como Fedón, estoy inserto en un diálogo como entidad inmutable. Toda mi vida ha estado y está contrastada por el cuestionamiento. Existo porque acciono y reacciono con las preguntas. Ante esta oportunidad debería cuestionarte si tus piezas se construyen como monólogos íntimos —¿poemas?— intervenidos por la escritura escénica, o tienen la pretensión de ser documentos donde el diálogo es la oportunidad para que tú no existas. Como debería saber tu respuesta ahora si te haga la pregunta: ¿Podrías identificarte con el autor de Comedia sin título de Lorca cuando exhibes tu vida?

SARA MOLINA.— Nunca he querido exhibir mi vida pero sí mi pensamiento, no como propio sino como una construcción esforzada. Cito a ADORNO: LA EXPRESIÓN DE UN SENTIMIENTO AUTENTICO ES SIEMPRE BANAL, PARA QUE NO LO SEA HACE FALTA ESFUERZO.

FEDÓN.— ¿Alguna vez quisiste emocionar al espectador? y ¿a los críticos?

SARA MOLINA.— 1.ª Siempre… pero emocionar con prudencia… con cuidado… con rapidez… sin presionar demasiado porque no me fió mucho de las emociones tan garantes para la mayoría de las personas… yo lloro con una facilidad increíble y no es garantía de nada, salvo un hecho «analizable».

2.ª ¿La emoción del crítico? El crítico no es más que un espectador cincelado con cincel. Su emoción no ofrece nada que no estuviera ya dado en su papel de espectador, si es que consigue serlo.

FEDÓN.— Según don Juan, pero él de Carlos Castaneda, el hombre de conocimiento tiene que enfrentarse a cuatro enemigos naturales: el miedo, la claridad, el poder y la vejez; por este orden. Me imagino que en estos instantes nos estamos enfrentando con el segundo. Creo que el espectador actual siempre se enfrenta a la claridad como un enemigo, porque debe aceptarlo como si fuera una verdad inmutable. ¿Cuando uno tiene la seguridad de que las certezas tienen elocuencia en un espacio escénico? (cuando me refiero a elocuencia me refiero a justeza poética) ¿Cuando uno se da cuenta de que su obra es clara? ¿Se puede confundir claridad en el discurso con adoctrinamiento estético?

SARA MOLINA.— 1.ª No hay más certeza que la de la muerte y una vaga certeza que se desprende de lo que ha sido ya consumado: la vejez, la muerte ajena, la separación, el cuerpo roto, la catástrofe… Las certezas en el espacio escénico no deben ser más que eso: relato. O sea siempre elocuencia… y eso debe saberse… porque representan al otro y es ese otro «el espectador» con su elocuencia quien afirma la tuya.

2.ª Tu discurso es único cuando te olvidas de hacer discurso, renuncias a las palabras y sigues hablando sin temor a perder las palabras.

3.ª No.

FEDÓN.— ¿Has necesitado tener un discurso identificable? y ahora ¿lo necesitas?

SARA MOLINA.— 1.ª Supongo, pero sin hacerlo consciente, sin pensar para nada en ello.

2.ª Ahora sí, quizás como un acto de compromiso y madurez. Sin que sea un acto cerrado.

FEDÓN.— Aprendo en este transcurso de mi madurez que la responsabilidad de un hecho artístico la debe asumir el autor como un derecho, por lo que cada decisión está avalada por un ideario y por un imaginario. Ahora es el momento de incitarte para que describas la relación que existe entre tus preguntas y tus imágenes, entre la artesanía de tu intelecto y el riesgo escénico.

SARA MOLINA.— Ese ha sido la parte más juguetona de los procesos, la divertida, en la que he jugado mi renuncia a la expresión plástica y pictórica de una manera no frustrante. Es donde me he divertido realmente… vamos a darle carne a las ideas… imagen, ha sido una de mis observaciones a los intérpretes, excitante con las limitaciones que plantea el escenario y que no tiene el cine o el vídeo… el escenario, ese espacio psíquico por el cual se pavonean las imágenes…

FEDÓN.— En «Je suis un phénomène» de Peter Brook el protagonista Salomón Shereshevsky para no dejar de olvidar creaba un sistema paralelo de imágenes que sustituían a las palabras, las fechas, los acontecimientos, los estados,… ¿crees que has conseguido tener un discurso escénico paralelo o equiparable a tu estructura de pensamiento?

SARA MOLINA.— No. Aún no he conseguido estar a la altura de mi inconsciente. Hay mucha cobardía en mi trabajo.

FEDÓN.— ¿Qué es para ti obra? (ante esta ansiada respuesta quería anunciarte que mis preguntas han tenido la ansiedad del final del tiempo, por lo que cada palabra tuya es una oportunidad más para ficcionalizar mi muerte)

SARA MOLINA.— Me colocas en un lugar directamente asociativo… fantasmático… obra es muerte… veo las piramides… estatuas griegas… autorretratos de pintores famosos Durero, Van Gogh… veo un libro cerrado, La divina comedia o Las mil y una noches, El quijote…es una percepción siempre objetual… una obra es una tumba…

FEDÓN.— ¿Para ti la escena es un espacio psíquico, un espacio carnal o un espacio de misterio?

SARA MOLINA.— Como espacio psíquico lo es carnal en el sentido de que ahí las claves de la sexualidad, de la construcción de lo sexual, están integradas… y diría enigmático más que misterioso. Como espacio psíquico contiene cualquier otra posibilidad.

FEDÓN.— Cuando me refiero a misterio me refiero a la traición…

SARA MOLINA.— Bien, por eso he hablado de enigma, porque el misterio solo lo es si no es traicionado, si se perpetua,  si se mantiene…