362.ª despedida

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[audio:http://www.ophelia.es/fedon/wp-content/uploads/2010/hermes/09 L’amitié.mp3]

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me despido —acompañado de todos los fedones— de las lumbreras:

del sol

de la luna

de las estrellas

5 Responses to “362.ª despedida”

  1. Alba M dice:

    Absolutamente estremecedor

  2. Sr. Curí dice:

    Gracias por este regalo y por el regalo de ayer.

    besos

  3. Isabel Ubeda dice:

    Fedón,
    eterno en tu fragilidad
    gracias por la vida que transmites
    baila danza en las tablas de la sala roja
    y me sonríe por su fuerza

  4. Setsudo dice:

    Se va igual que vino,

    desnudo gusano

    estival

    Shidoken (1765)

  5. Hermes dice:

    Fedón se despide de estrellas, planetas, satélites. Quizá se despide de ellos porque sabe que mientras lo está haciendo brilla como un astro. Realmente lo consigue, el público amigo puede dar fe. Fedón se encarnó en el cuerpo de un actor y creía saber cómo manejarlo. Ahora se da cuenta de que es el actor quien lo maneja a él. Y dibuja una sonrisa serena en su rostro amedrentado por la muerte. El actor le hace decir que no echará de menos nada. El actor le hace decir que le gustaría volver en otro cuerpo, más hermoso según su criterio. El actor le hace partícipe del deseo, de sueños y sentimientos de los que no ha llegado a despedirse. Pero, le gusten o no las despedidas, el viajero sabe que nunca puede decir adiós a todo lo que deja. Y estos (y otros muchos) serán los que abandone sin paliativos. Fedón fue un personaje en busca de actor que lo encontró y olvidó lo que era. Ahora envidia el amor que rodea al actor, su capacidad de emocionar, que —aquí mismo puedo leerlo— es realmente efectiva, y sabe que en el fondo morirá solo. Sólo yo le acompañaré. Fedón colapsa, no puede soportar la realidad, no puede soportar la muerte. Queda sin consciencia, empieza a apagarse su pensamiento, empieza a quedar sin cuerpo. Los médicos le atienden: ha desarrollado el germen de la muerte. Es el último tramo del viaje. Ha sido placentero, al final echaré de menos a este viajero al que me ha costado todo un año llevar a su destino. Comienza el tránsito.

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