360.ª despedida

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me despido de los animales de la tierra, las bestias, el ganado, los animales que se arrastran

me despido de los hombres (que no son lo mismo que los antes mencionados)

One Response to “360.ª despedida”

  1. Hermes dice:

    Un fedón y medio fedón y dos fedones y medio fedón y tres fedones y medio fedón y cuatro fedones y medio fedón, ¿cuántos fedones y medio fedón son? Son 7 ocasiones para despedirse por completo del mundo. Medio fedón está revisando cuáles de sus discípulos le acompañarán en su muerte. El otro medio, está repasando cuáles de sus maestros hará lo propio. Un fedón está contando cuántos coinciden en ambas condiciones. Otro fedón está valorando qué amigos le acompañarán en su celebración. Es demasiado tarde, se lamenta, para aprender ahora lo engañoso de lo preestablecido al respecto. Ya de nada sirve aprender, le hubiera gustado que alguien se lo hubiera desvelado antes. En un libro revelado de la vida, como el de las frases de las madres, como el de las excusas de los amantes. Es demasiado tarde también para escribir esta biblia. El primer engaño es precisamente pensar que estas cosas es mejor descubrirlas por uno mismo. El segundo, el que tiene que ver justamente con la amistad, el que destruye la primera frase hecha sobre el asunto: los amigos se demuestran cuando están ahí en los momentos difíciles. Y es que quienes estuvieran sólo en tales circunstancias, nos acompañarían en la amargura y nunca mostrarían su faz sonriente; ¿qué es un amigo sino con quien recuerdas haber compartido la alegría? Si no te agasajan en la fiesta, no celebran tu bienestar, no dejan recuerdos de haberte acompañado en tu felicidad. Tranquilo, Fedón, de nada sirven esos recuerdos, ahora. Tampoco nadie te enseña a manejar los recuerdos durante tu vida. Pronto, dejarán de existir y tampoco te preocuparás por ellos. Ni por los amigos. Ni por nada.
    ¿Cuántos fedones caben en un fedón? ¿Cuántos amigos en cada amistad? ¿Cuántos seres en cada ser? Despídete de los seres humanos, ya tanto da. Aún te será concedido ver a algunos, pero no podrás disfrutar de su amistad. Despídete de la amistad, incluso la de los animales de compañía. No tienen intención de acompañarte en este viaje. Nadie está llamado a compartir lo que ha de hacerse solo. Sabes que no llevarlos contigo para salvar tu miedo es tu mayor prueba de amistad. No son las cosas de la vida las que han de descubrirse por uno mismo. Son sólo estas, las de la muerte, las que han de ser enfrentadas íntimamente, estas que no dejarán huella ni recuerdo en ti, precisamente por eso, porque la insoportable desolación que produciría su dolor, no puede ya, en cambio, producirte efecto alguno. Su daño estará en los otros. Lo descubrirán estúpidamente tarde y por sí mismos, solos. Y tú no podrás hacer nada más por ellos.

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